viernes, 14 de noviembre de 2014

He perdido la Navidad

"No encuentro la Navidad"

Por Annais López

A veces creo que mi generación, la de mediados de los 70, somos los últimos seres humanos en vivir la auténtica NAVIDAD.




Hoy por hoy, por más que busco la Navidad me cuesta encontrarla y no ya porque mi fe se tambalee, que puede suceder aunque sigo creyendo en Dios (Mi Dios), sino porque me dicen que la ilusión de la Navidad está en los niños y yo sólo veo en ellos un periodo de vacaciones y listas de regalos. Puede que esté equivocada y tú, si tú, que me estás leyendo debas abrirme los ojos y decirme -“No has mirado bien, busca la Navidad en…”-.

En mis tiempos, síiiii uffff mis tiempos, a muchos con esta frase ya le comenzará a sonar a “castañazo”, pues sí amigos en mis tiempos, finales de los 70 principios de los 80, la Navidad era especial, en todos los sentidos.


Quince días, o quizás algo más, para comenzar la cuenta atrás para las vacaciones escolares, cada curso de la desaparecida EGB nos preparábamos un Villancico que luego interpretábamos acompañados de nuestro profe, y provistos de panderetas y zambombas, en la sala de la cultura. Venía todo el pueblo a vernos, lo recuerdo súper divertido, al igual que aquellos concursos de dibujos navideños, los cuales se exponían en los pasillos del cole o bien en la sala de la cultura y que había tres premios ¡ufffff… qué nervios! Jamás gané uno de esos concursos y hoy en día preocúpate sólo porque tu hijo disfrute porque hasta este tipo de inocentes concursos están… bueno los papis me entendéis que no deseo robarles a los niños la ilusión que les queda ¿o no es esta? Quizás sea la de recibir regalos a diestro y siniestro. Sí, hoy todos lo saben, a muchos niños, véase que no quiero generalizar, se les compra con regalos, menos mal que últimamente los trae un americano vestido de rojo, y así: padres, tíos y abuelos nos salvamos, que sino nuestro cariño tiene un precio.



Bueno, pues en mis tiempos, vestidos y tapados hasta las orejas, salíamos en grupos de amigos a cantar por las casas y pedir el aguinaldo. Mi chupipandi éramos la caña, nos recorríamos todo el pueblo y se nos caía el alma a los pies cuando desde el interior de alguna de esas casas escuchábamos –“no queremos cante, estamos de luto”- ¡Madre!!!!!! Al finalizar esa tarde de cánticos y risas nos sentábamos a contar y repartir las pesetillas que luego gastábamos en chuches o cuentos de aquellos troquelados. Eran otros tiempos, seguramente.

Llegaba Nochebuena y ningún señor gordo aparecía vestido por ningún sitio, ni vestido de verde ni de rojo ¡Gracias a Dios! era una noche donde el discurso del Rey era esencial y donde mamá se tiraba cocinando gran parte del día para realizar una cena especial ¡y lo era! Porque los langostinos se comían en Navidad y en alguna boda, y el pavo típico de Nochebuena, o el cabrito en salsa…. Uhhmmmm, eran cenas especiales. Hoy en día si el 1 de noviembre deseas empacharte de polvorones ¡adelante! Los comercios se encargan de ponértelos bien a la vista. Yo cuando entro en un súper os juro que a veces tengo que pensar si estoy ya en diciembre y no me he enterado.


En fin ¡eran otros tiempos!

Si te perdías la misa del gallo porque eras muy pequeño, pues no pasa nada a la mañana siguiente era Navidad, y como su definición indica es una festividad que celebran los cristianos por el Nacimiento de Jesucristo. Ese día, el día de Navidad, estrenábamos un vestido o un buen abrigo y bajábamos a misa, donde la ceremonia estaba repleta de flores de pascua, luces, y alegres parábolas y canciones.

En el altar un niño regordito esperaba el “besapiés”. Era Navidad y la veías en los ojos de las personas, en tus padres y abuelos, en el esperado sorteo del gordo, en los belenes que decoraban las casas porque el árbol es una tradición gringa también, pero aquí todo lo importamos. En casa no poníamos nada… quizás algún espumillón con alguna bola de aquellas gordotas, pero en casa no teníamos Nacimiento. Siempre bajábamos a ver el de mi vecina Paula… uffffffffff… aquello era una joya. Y bueno estaba el de la Parroquia que al fin y al cabo era un poquito de todos.



¿Y la noche de Reyes? era ilusionante porque nunca sabías que iban a traer. Si escribías una carta daba igual ellos traían lo que querían o lo que podían: una muñeca, un cuento, un cochecito, unos patines. Cualquier cosa ¡era genial! Y luego vuelta al cole. A mí siempre me ha gustado ir al colegio, allí estaban mis amigos, mis libros, mis deberes y mil aventuras en cada recreo.

Eran otros tiempos.

Hoy no encuentro la Navidad.

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